Estudio de McCann primera parte.
McCann Worldgroup encontró que los consumidores latinoamericanos eligen mate, carne, papa, banana, mandioca y maíz para comer “al paso”
El estudio realizado a 12 mil personas por 2.500 empleados de la red McCann Worldgroup explica los hábitos de alimentación en la calle -que generan negocios por 127 mil millones de dólares por año-, en 25 ciudades de 18 países de América Latina.
En Argentina, se realizaron unas 576 encuestas más fotos y videos como resultado de unas 900 horas de trabajo. El proyecto contó con la participación de 80 personas de las operaciones de McCann Buenos Aires, MRM y Future Brand.
“El mate, el café negro, las gaseosas, los panchos y las tortas fritas son cosas que en Buenos Aires nunca se van a dejar de consumir, tienen que ver con nuestro ADN al igual que el asado”, comenta Enrico Campochiaro como Chief Growth Officer senior de McCann Buenos Aires y resalta que “los resultados tiraron por la borda algunas falsas creencias, como que la gente “siempre” opta por la opción más saludable. La gente sabe que hay productos que no le hacen bien, sin embargo continúan siendo “La Opción” a la hora de parar un ratito a comer algo”.
Así, la “Comida en la calle” o “Al paso” (On the go) es una realidad transversal a diferentes clase sociales: obreros, administrativos, profesionales, todos, por diferentes razones, consumen las mismas comidas en los mismos lugares. El paisaje compuesto por ejecutivos sentados -a dos bancos de diferencia-, con un grupo de motoqueros, taxistas o albañiles puede observarse en diversos espacios de la ciudad tales como plazas y puestos de la costanera.
La carne, consumida en hamburguesas, o salchichas, es el alimento preferido junto con el mate. Y si bien se tiene conocimiento y conciencia de los problemas que pueden acarrear para la salud este tipo de alimentos -ricos en carbohidratos, grasas saturadas, mucha sal, azúcar o aceite- estas preferencias sobresalen como las más elegidas en las comidas diarias, mientras que quienes elijen consumirlas no presentan reparos ni por la frecuencia y ni por la opción escogida.
Bajo la idea común de “si está bien cocinada, es higiénico” tampoco se cuestiona a los vendedores ambulantes o a los carritos, es decir, a la comida al paso no se le exigen requerimientos sobre cómo fue preparada. El pancho, por ejemplo, es descripto como “más rico en la calle que en la propia casa”, lo que en parte se debe a que el agua usada para hervirlo es la misma que se utiliza y reutiliza durante todo el día para cocinar las salchichas.
Algunos entrevistados manifestaron consumir comida al paso para hacer tiempo, en especial los hombres que simplemente comen una hamburguesa o un sándwich porque tienen un espacio antes de entrar a trabajar, estudiar u otra obligación. Las mujeres, en cambio, prefieren pasear para ocupar ese tiempo.
Gran parte de los encuestados no acompaña su comida, la mayoría de ella pesada y de gran contenido calórico, con bebidas. La razón esgrimida tiene que ver con lo económico: mientras que el agua es gratis y se consigue en cualquier lado, la comida no. Por lo tanto, prefieren volver a la rutina y calmar la sed sin gastar su propio dinero en satisfacer una necesidad que puede ser resuelta fácilmente en los lugares de trabajo o estudio.

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